El Aguascalientes

En el mundo literario ahora vivimos la época de los premios. El tiempo de los editores, como Carlos Barral, fue en los años cincuenta del siglo pasado. A finales de los sesenta los agentes literarios marcaron la pauta, no tener uno representaba para el escritor quedarse sólo en sus laureles. Despuntaron figuras como la catalana Carmen Balcells, quien por esos años visitó México con una agenda apretada de citas, entre ellas con Rulfo y Arreola, este último no supo exactamente qué era eso del agente literario y la dejó pasar. Pero desde hace por lo menos dos décadas la mercadotecnia nos ha alcanzado y las reglas del juego las rigen los premios literarios, más de tres mil al año en España y cientos más en México y Latinoamérica. Los hay chiquitos y grandes, de cuento, novela, ensayo, dramaturgia, poesía y más. Escritor que no tiene su premio pasa desapercibido. He estado en reuniones donde, al presentarme a alguien antes de su nombre me dicen, es premio tal, como si fuera un título de licenciatura o maestría.


Desde hace unas semanas se ha desatado un feroz debate entre poetas y amigos escritores, por si hubo intertextualidad o plagio en el reciente Premio de Poesía Aguascalientes otorgado a Javier Sicilia con Tríptico del desierto, cuando ha sido una tradición natural del ser humano una cosa y la otra. Desde que nacemos crecemos imitando a nuestros padres, tratamos de parecernos a ellos. En el caso de la literatura Rubén Darío cuando comenzó a escribir, imitaba de cierta manera a Gustavo Adolfo Bécquer, y Pablo Neruda en sus primeros versos quería seguir los pasos de Rubén Darío. Lo mismo le pasó a Jaime Sabines al tomar como ejemplo a Neruda. El trabajo de todo creador, el reto de todo artista no es redescubrir el hilo negro, sino reinterpretarlo a través de su experiencia de vida. Romeo y Julieta, la gran historia moderna de amor vio la luz en el siglo XVI, y desde entonces, poetas y narradores sólo hemos reinventado personajes y situaciones con lenguaje e imágenes actuales y propios.


Esta misma intertextualidad o representación la hemos visto en la pintura. ¿Cuántas versiones hay de Las Meninas de Velázquez? Picasso también hizo la suya, chuecas por cubistas, pero Meninas al fin. En arquitectura hay tantas similitudes entre las obras de Ricardo Legorreta con las de Luis Barragán en formas, espacios y colores que podrían confundirse. En cine es uno de los recursos más usados. Se repiten escenas de películas clásicas, como guiños o pequeños homenajes. Conozco a más de un director que siguen buscando los cielos de Gabriel Figueroa.


Nadie está ajeno a la intertextualidad y a la crítica. En mi novela El orden infinito, retomo a un personaje de Rulfo en Pedro Páramo: Abundo Martínez, el arriero que guía a Juan Preciado hasta Comala. Un personaje secundario y desdibujado que termina adquiriendo la fuerza necesaria para dar muerte a Don Pedro, su padre. También en mi novela, Abundio es un personaje secundario pero determinante para el desenlace. Como Caronte y Cancerbero, de la Divina Comedia de Dante Alighieri haciéndose presentes para guiar al capitán cristero Salvador Fonseca al infierno de la Hacienda Abajo.


En mis primeros libros de poesía hay sonetos semejantes a los de Amado Nervo, influencias de Elías Nandino, lo que le valió a mi poemario Del rojo al púrpura la ácida crítica de Luis Armenta Malpica en el diario Tabasco hoy (6/10/2002), “Y es que Rodolfo Naró atrajo para sí lo peor de Nandino: sus Alburemas”. Después vendría Sabines y en mis libros recientes de Pedro Salinas o Borges. Pues como declarara Francisco Hernández, jurado del certamen de este año: “Hay una frase de no sé quién que dice: la poesía debe estar hecha para todos. Eso fue lo que advertimos en el texto de Sicilia, estamos perfectamente conscientes de lo que estábamos haciendo y sabíamos de dónde venían las líneas y fragmentos que estaba usando”. Como el Premio de Poesía Aguascalientes se ha hecho polémico por ser parteaguas, la consagración para quien lo gana y más desde el año pasado que el jurado lo declaró desierto, manifestando que ninguno de los 207 manuscritos cumplía con el nivel de excelencia indispensable para el prestigio del Premio, asimismo Tríptico del desierto, el nuevo libro de Javier Sicilia, fiel a su estilo de dialogar con sus maestros, seguirá despertando conciencias en cada lector.

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Rodolfo Naró, poeta y narrador mexicano, su libro reciente es El orden infinito, finalista del Premio Planeta de Novela 2006. wwww.rodolfonaro.com
Imagen en contexto original: La Jornada Semanal, poster de celebración de los 40 años del Premio de Poesía Aguascalientes.
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6 thoughts on “El Aguascalientes

  • 9 Junio, 2009 at 10:20 pm
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    "HOLA"
    Desde la otra orilla del gran oceano que nos separa. Desde tierras bañadas por otro mar, en este caso el Mediterraneo.
    Soy escritora, al menos ese es el título que alguien que vive por y para, (que no es lo mismo que de) la escritura se autoimpone.
    Como lectora me solidarizo con tu opión. Sin embargo, esa es la opinión de alguien que tambien cuenta con un gran premio en su Curriculum Vitae y al menos puede ser presentado en sociedad… Pero imagina lo duro que puede ser todo para quien ni tan siquiera puede ser presentado con su premio por referencia… para quien se pasa la vida frente a hojas en blanco, frente a libros que cada día la hacen sentir mas pequeña, no por ser inferior, sino por estar publicados y tener la posibiliad de cumplir con su cometido "ser leidos"… Imagina la impotencia de reclacho tras rechazo sin que ello tenga como, al menos por lastima, una sola explicación.
    Marisa Abad.

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  • 9 Junio, 2009 at 10:25 pm
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    Hola Marisa:
    gracias por seguirme leyendo. Tienes razón esta carrera es de gran resistencia, distinta a casi todas las demás del arte. La escritura es la única que se crea en soledad, no como el cine, el teatro o la arquitectura que se trabaja en equipo y lo que no consigue uno lo logra el otro.

    La literatura se hace en solitario. Estoy leyendo tu novela, es muy buena, te felicito, veremos qué se puede hacer por ella en México.

    Saludos,
    Naró

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  • 16 Junio, 2009 at 6:02 pm
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    Rodolfo te extraño!!!!
    Extraños que escribas como las primeras chuecas donde hablabas mas de ti y mezclabas la poesia!!!
    ¿Que paso?
    Espero y leer una buenisima chueca!!! de esas que causan escalofrios que recorren el cuerpo desde las cervicales hasta los talones!!!!
    Te sigo leyendo de cualquier forma…
    No dejes que la Columna Chueca caiga en una columna mas de critica!!!

    (Es la humilde opinion de alguien que te admira)

    Atte:
    Gatita

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  • 16 Junio, 2009 at 6:13 pm
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    Hola Gatita:

    En La columna chueca he tratado de abrir un poco el panorama, no sólo escribir de mí y mis aficiones, ni dejar a la columna sólo en la anécdota, sino que además de entretener también me gustaría hacer reflexionar al lector desde el humor. De cualquier manera tomaré en cuenta tu opinión.

    Gracias por leerme,
    Saludos,
    Naró

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  • 29 Agosto, 2009 at 9:45 pm
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    Es muy distinto estar influido (como lo estuvieron Sabines y Paz por Neruda) que hacer un pastiche sin avisar desde el principio.

    Absurdo pedir un poeta sin influencias… El lenguaje mksmo es ya un territorio común y todos nos enamoramos u odiamos… pero todos nos enamoramos de manera distinta.

    Dices reinterpretar; yo digo: crear a partir de nuestra vida (que es también nuestras lecturas). Crear no es un "ejercicio" intelectual, sino una apropiación del mundo: una visión personal.

    Sicilia es un plagiario… el pastiche (algo bastante aburrido y pedante, Eliot incluido) no es pastiche si no está anunciado.

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  • 29 Agosto, 2009 at 9:51 pm
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    Estimado César:
    agradezco tu comentario y tus opiniones, siempre valiosas. Espero que sigamos leyéndonos,
    Abrazos,
    Naró

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