Árbol de la vida

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Árbol de la vida, estuvo antologado en Del rojo al púrpura y ahora por primera vez se publica de manera individual. En un solo poema de largo aliento, que el poeta considera su trabajo más logrado, se conjugan la espiritualidad del amor, la búsqueda y el erotismo.

Dividido en doce estrofas de doce versos. Árbol de la vida comienza diciendo: Quiero morir con una muerte ajena / la tuya, la que tienes que vivir…

La voz de la pareja que, como Adán y Eva, están predestinados el uno para el otro, pero con la salvedad de que es ella quien va un paso adelante: Vas delante de mí, te sigo los pasos, / espero tu cansancio, des vuelta y mires / y me recojas donde me dejaste…quien lo sabe todo: Tú lo sabes todo, pero ignoras que lo sabes, / tienes el pan de cada día / yo las noches y su hambre.

Sin embargo, terminan separándose, comenzando así la segunda parte del poema, doce estrofas también numeradas pero de manera invertida que narran un mundo decadente e individualista, dando lugar a un nuevo título: Árbol de la muerte.

“Poesía amorosa, pero desde otra magnitud del ser, desde otra apropiación de los materiales del universo. Poesía caliente y dolorosa, como en un acto de amor con los ojos abiertos.”

Edna Pozzi

 


 

 

Árbol de la vida

I

Quiero morir con una muerte ajena,
La tuya, la que tienes que vivir,
se esconde tras de tus ojos
y a diario ve desde tu mirada.
Abre tus manos, mírate en mí,
como yo te estoy viendo.
Somos mitades
que se funden avanzada la noche
cuerpos encontradizos
que tiemblan con el soplo del aliento.
Tierra fértil donde nace la vida
cada noche que muero dentro.

II

Eres habitación vacía con puertas paralelas,
espacio que respira el aire de la luna,
sin gravedad, a donde llego cada noche
y muero con la muerte que quieres darme,
dentro de ti, de tu espacio;
cierras las puertas con dos filos enrojecidos,
quitas más de lo que has dado, me cortas en pedazos,
me arrancas el oxígeno en breves espasmos.
Soy tuyo, tu cansancio, tu vientre de piedra,
cimiento de los años, raíz de mis pensamientos
te sé como a mis manos,
te subo como a un árbol.

III

Vas delante de mí, te sigo los pasos,
espero tu cansancio, des vuelta, mires
y me recojas donde me dejaste,
como semilla, envuelto en la tierra voy creciendo
y te cubre la sombra de mis brazos.
Estoy cansado de ser tiempo,
que en mis hojas se sostengan vidas ficticias,
ser el brazo del suicida
la manzana cae y rueda como el mundo aprisa.
Nací del barro y he crecido tanto
que sostengo la bóveda de los sueños
el espejo del tiempo.

IV

Nací de tu vientre y perteneces a mi costilla
y a tu vientre vuelvo cada noche
a completar el ciclo de la vida,
a quedarme entre tus pliegues,
no he dejado de ser semilla.
Eres tierra ociosa que me devora
al centro de un espiral que no termina,
crezco, me multiplico, me detengo y miro
que ya he muerto otras veces
y dejado otros nombres escritos
en la corteza de mi costado.
Bajas de mí, como si fuera un árbol.

V

Tú llamaste a las cosas por su nombre,
las hiciste tuyas cuando no eran de nadie
cogiste mis ojos como luciérnagas
con ellos encendiste tus senos.
Tú lo sabes todo, pero ignoras que lo sabes,
tienes el pan de cada día
yo las noches y su hambre.
Arrúllame en tus brazos como el niño
que nunca fui, enséñame otra vez
lo no aprendido. De tu mano
me dijiste esto es un árbol, arriba está la noche
y yo soy el rincón de tu cansancio.

VI

Me enseñaste a caminar con tus pasos
a sentirme inquieto al decir
“no sé que tengo, siento algo”.
Ayer esperé largo rato,
que vinieras del campo,
apretando soles en los labios,
bajarás de las ramas donde habías trepado,
tuve que cortarte como a un durazno,
abrirte como a una fruta,
te desjugas al tocarte
como a un racimo de uvas beber

tu sudor fermentado.

VII

Cuando estoy contigo mi lecho se tensa,

la humedad de tu tierra hincha
el tronco de mi árbol.
Lo hace espeso para tus labios,
creerse pájaro y volar hasta la atmósfera del tiempo,
donde el tiempo ya no es pasado
se mide por el hambre, por el sueño
al decir tengo amor, déjame darte.
Me asusta la oscuridad de tu piel
voy a encender un cabello para asomarme
entrar como día en la carne de tu noche
me devoras como el párpado al instante.

VIII

Sostenme para no caer antes del alba.
eres leño vulnerable a la mirada,
no puedo dejar de ver tus ojos de agua,
se consumen, se evaporan,
arden mis manos tu desnudez
mis dedos fuerza de brasa.
Mi pecho de tierra es volcán,
mi vientre lienzo de magma.
Encuentro la oscuridad de tus ramas,
me vacío en tu espalda baja
sobrevives a mi tala, cada noche
vuelven a brotarte hojas como ganas.

IX

No hay nada mío que no sea tuyo,
pedazo de ti que nunca debió salir.
Te busco y no me encuentro
me canso de buscarte, laberinto de raíces
recojo mi cuerpo al pie del árbol a esperarte.
Siempre estoy esperando,
los animales en primavera se aman,
las flores se polinizan con las alas
yo sólo tengo mis dedos
y marzo al final de mi talle
el mapa de tus días, el calendario de tus calles
para siempre andar buscándote.

X

Deja ya de hablar, de moverte como aire,
a veces creo que nunca estarás quieta
de veras no podré cansarte,
pierdo el ánimo, me pierdo al encontrarte.
Busco mis huellas y descubro que me cargas,
caminando en círculos
alrededor de una sombra larga.
Me dejas caer, salgo de tu cuerpo
como fruto de la rama.
Alguien más te está esperando,
alguien me esperará mañana.
Seguiremos buscando tierra fértil para sembrarla.

XI

Hoy llueve amaneciendo,
de tu barro en el suelo no hay rastro,
solo recuerdos, vida del anciano
voz del viento que repite lo que ya hablamos,
soy tuyo, tu cansancio, tu vientre de piedra
cimiento de los años…
tierra que teñiste con la sangre de tu ovario,
cada mes dejas rastro, te desprendes de ti
vuelves a nacer como nido de pájaros.
Deja sostenerte en lo alto de mis brazos
encontrarte en la semilla de una fruta que crece
hasta convertirse en árbol.

XII

No hay más, solo hojarasca,
el viento encuentra su paso,
la herida cansa. Duele tu huella en mi costado.
Recojo sentimientos, mi cuerpo y sus pedazos
cobijo de insomnios, duermo en la tarde del pasado
bajo un cielo mustio, espero, mientras
el tiempo busca pretexto para engañarnos.
Amontono los días, arden los años
la ceniza abona el vientre de la tierra,
otra mano te siembra, otra me cultiva
seguiremos buscando la sombra que proyecta,
la raíz que sostiene el árbol de la vida.

XII

Giras en torno a mi,
me descubro para tus manos
me desprendo los músculos,
hielos temporarios.
Morir contigo a diario,
dejarme escurrir gota a gota
filtrarme en la entraña de la tierra,
raíz que busca hacer sombra
ilusión que se desboca en agosto
solo charcos tendidos en las calles
el agua no encuentra su cauce
nido de ajolotes.

XI

Nos talamos uno al otro,
no hay campo ni hojarasca
no hay luz apoyada en las ramas,
ni árbol que trepar
la hiedra en el poste se entretiene
la luz es de cristal,
el sueño se dilata, no llega,
nos encuentra la mañana
en mapa de calles sin salida.
Me veo en tus ojos, me sé ajeno,
soy el otro que buscas con mirar obseso.
Sin decirte nada, tú sabes que te quiero.

X

Hay que salir a la calle
buscar a la mujer que amas,
encontrar tus pasos
o la muerte en la esquina de tu casa.
Rostro deslavado, no hay luz que te ilumine
no hay tiempo para medirse;
no hay nido de pájaros
ni azul que se enrede en sus alas.
No hay agua para beber
ni tierra que se enlode con sus ganas.
Se detiene la luna en las charcas, un instante,
se sabe agua estancada.

IX

Te encuentro en el patio de tu casa
vientre soleado, resequedad salada,
me tiendo a la oscuridad de tus ramas.
Camino a tu cuarto, me asomo,
no hay luz ni aire ni ventanas.
Cueva original. Flautas
penetran el laberinto de mi oído.
Me hago pequeño para entrar en tu espacio
me guardas como si fuera un niño,
semilla que busca dentro
echar raíces
manantial de vida es tu ombligo.

VIII

En la calle se encuentra el acertijo,
caminar, no importa el rumbo
sino cumplir un destino,
hacer árbol. Árbol
de plástico, frutos de aluminio.
Dices adiós desde un punto fijo,
todo gira en torno a ti.
El anciano busca sus dientes en la sonrisa del niño
y ruega porque la muerte lo encuentre dormido.
Hay que matar los sentidos,
la música ya no es de cuerdas, ni de alientos,
el sordo no tiene oídos.

VII

Hay que salir a la calle,
tropezarse con uno mismo,
verte en un escaparate,
descubrir el rostro del enemigo
y un mudo claxon que grita con permiso.
Espera en tu casa al ladrón,
la mirada inquieta del vecino
los cobros de tus excesos
o el vendedor de Biblias donde la culpa
de los padres la pagarán los hijos.
No hay que preocuparse por sembrar,
las pizzas y las putas también llegan a domicilio.

VI

Abrir las piernas es soltarse,
el hueco de tu cuerpo es tronco vacío,
descarnado aroma que engaña mis sentidos.
Acabaremos por embotellar el aire,
respirar un suspiro,
rezarle al dios de nuestro egoísmo
y en la parroquia comprar milagritos.
Tirar la sangre por el caño,
no es abono para la tierra,
el árbol crece más lejos del sol
pálidos brazos sostienen mi espera,
construiré una casa para abrirle las puertas.

V

Tus hojas me tocan como dedos
a tientas me acerco, te rodeo, piel rugosa,
tu cabello de nuevo es tu perfil,
enredadera de silencios,
voz que ya no sabe repetir:
“yo soy el rincón de tu cansancio,
sube, te guardo para mi”.
Te alejas sin dejarme,
tierra sin agua, entre manos se deshace.
Busco tu nombre en mi costado,
si vives aun es porque yo morí
de la muerte que quisiste darme.

IV

Recógeme un día sin calendario
una hora sin reloj para citarnos;
te espero a las cinco de la tarde
cada sol de verano.
A las cinco en punto de la tarde
te busco al pie del árbol.
Sigo la vereda, acorto distancias,
la espalda del tiempo me sostiene,
te sabe bendecida,
todo cambia: ahora lo sagrado es de risa;
desde la primera noche del mundo
se empezaron a vender las niñas.

III

El silencio no habla con palabras
labios mudos, garganta sin voz
aves emigran sin rumbo.
Juntar los párpados, saber que no duermo
insomnio de tu cuerpo.
Llenar espacios,
estar dentro es morir a cada rato.
desprenderse de uno mismo, suicidio involuntario.
Las heridas buscan puñales,
los coágulos del muerto no se desangran
hay que enterrarlo hondo,
a ver si retoña un brazo, un ojo.

II

Subir hasta la bóveda de espejos,
el árbol que nos miraba ya no tiene vista.
No hay quien mueva el aire
ni hojas que se exciten al rozarlas,
los instantes vuelan como pájaros
la fruta se pudre en las ramas
la tierra se calienta, cambia,
se pinta de color naranja.
Busco del miserable su bendición,
la mano sobre la cabeza del infante
y una mañana que amanezca sin amarte.

I

Busco el amanecer
y el sol no llega, la sombra del árbol
es cobijo del que siembra.
Busco tus piernas largas, tu andar aprisa;
soy animal en agonía, desollado,
sin uñas, ni dientes de caníbal,
me arrastro por el filo del mediodía.
Subir el árbol, contar estrías, luz no es todo
lo que brilla. En el pozo de tu entrepierna
beben lagartijas, se aparean aves de rapiña,
y por entre tus labios de piedra verde
nace sin raíz el árbol de la muerte.

Árbol de la muerte

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