Del rojo al púrpura

Del rojo al purpura.RedesDel rojo al púrpura representó el descubrimiento de Rodolfo Naró en el panorama literario. Editado por primera vez en septiembre del 2000, a lo largo de más de una década ha seguido seduciendo lectores. Dividido en tres apartados, Amor convenido, Árbol de la vida y Alburemas, el primero contiene poemas devastadores de abandono; sin disimulo, Naró reconstruye su vida en pareja y encuentra un espíritu poético a los objetos alguna vez compartidos.

La trama de imágenes que convergen en el poema de largo aliento Árbol de la vida conjuga la búsqueda erótica del amor, así como la decadencia y el egoísmo en su contraparte Árbol de la muerte.

Esta reciente edición contiene nuevos alburemas, versos de doble filo, irónicos e impuros, de sexo y desenfreno. En Del rojo al púrpura, un clásico de este siglo, Rodolfo Naró invita al lector a desnudarse y comparte su intimidad más allá de la página.

“Rodolfo Naró deja que la poesía se invente a sí misma y conserva la sabia inocencia frente al misterio de la palabra. Esto hace de él uno de los poetas más promisorios de estos tiempos”. Álvaro Mutis.

“Es el caso de un poeta que desarrolla su lenguaje personal, que construye una relación viva, irrenunciable con la poesía”. Carlos Monsiváis.

 


 

Tregua

Necesito tener vacaciones de mi.
Descansar de mí mismo.
Dejar mis zapatos italianos, mis pantalones de casimir,
despreocuparme de mis uñas, afeitarme cada semana,
caminar despacio, olvidarme de rencores.
Tomar pocas cosas con seriedad, reír aun más.
Viajar a Teotihuacán, o estar en Roma y disfrutar.
Olvidar a propósito mi secadora, mi hilo dental.
Extraviar por ahí mi reloj y con el un día más,
no ser tan perfeccionista ni juzgar sin piedad.
No amanecer con las abdominales en las costillas,
con ganas casi mecánicas de correr,
preocupado por la transpiración de mi piel,
por la camisa bien fajada, zapatos boleados,
cuidando el estilo y lo que pensarán los demás.
Yo nunca tuve oportunidad de viajar
y ahora necesito vacaciones de mi,
dejar la pose en la fotografía, ir por la vida sin planearla
que mi risa sea espontánea y mi comida no tan igual.
Atento a la voz del silencio, de veras loco de atar.
Vivo dos, tres o cuatro vidas
y entre tantas mentiras, pierdo la realidad.
Debo aceptar las cosas como son,
ahora que aun tengo la vida por delante
y no a los 85 años y saber que me estoy muriendo.


Post data

Vivo cada día de mayo,
sus mañanas húmedas, sus noches de puberta primavera.
El tiempo no pasa rápido ni despacio, simplemente pasa.
Vivo la ciudad entera, sus calles y avenidas,
sus payasos malabaristas y niñas que limpian parabrisas.
Vivo de mentiras, ilusiones que me dan vida,
platico de ti con los espejos, ellos no me ignoran,
incluso me preguntan a qué sabían tus besos.
Porque no dejo de hablar de ti por las ventanas
de reflejarte en el cristal de mi mirada
y con mis manos apresar mis ansias ya gastadas.
Llegar a casa, cenar ligero: cereal o fruta; yogurt o gelatina,
engañarme con la televisión, que hace ruido y compañía,
escuchar el noticiero y su sarta de mentiras
o leer Tinísima con la luz de la rutina.
La soledad es canija cuado es de noche
y no hay cobija que te caliente ni de lana ni de tripas.
Ojalá tuviera memoria de espejo
y no sintiera los minutos en la yema de los dedos,
mis recuerdos son vuelta y vuelta de segundero.
Quiero estar a tu lado y me estoy yendo,
llamarte una vez más, sentirte aunque sea por teléfono,
porque entre todas mis cartas y mis versos,
entre mis reproches y mis miedos,
olvidé el post data, olvidé escribir te quiero.

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